Chapaporro

Alicante, aproximadamente las 7 de la mañana. Fecha desconocida.
chapapote

Estaba en la playa del Postiguet recogiendo chapapote con la ayuda de unos reteles y con la compañía de gente desconocida que en mi vida había visto (PSIs). Cierto es que todos llevábamos puesto un uniforme especial que nos cubría de pies a cabeza, por lo que era difícil o imposible reconocer a alguien. El caso es que recogiendo chapapote a veces me encontraba varios residuos, como galletas, cajas de pizza vacías, colillas… o incluso antiguas pertenencias mías que desde hace mucho tiempo anduve buscando y no dudaba en limpiarlos de chapapote para quedármelos— aún sabiendo en mi subconsciente que no me los iba a quedar al despertar.

En un momento determinado yo mismo holgué de seguir recogiendo chapapote y me desvié enseguida hacia el chiringuito llamado Rompeolas— de repente y sin haberme dado cuenta, me hallaba sin el traje de plástico que llevábamos puesto— para pedir una bolsa de patatas de 0,75€ que lo pagué con un “monedón” de cincuenta céntimos de unos ocho centímetros de diámetro visto a ojo. La moneda aparentaba ser indudablemente falsa, no obstante, el dependiente me validó la compra como si estuviera correcto todo. De todas formas, la bolsa de gusanitos al final se quedó dentro del chiringuito por no habérmela llevado y nadie me avisó de que me los he olvidado, lo que significa que malgasté esos supuestos 50 céntimos en nada prácticamente.

Cuando salí del chiringuito, vi que el Postiguet se había convertido repentinamente sin haberme dado cuenta antes en un skatepark, y ya había gente ahí demostrando sus grandes destrezas con sus respectivos monopatines. Yo, como no tenía ni patines ni monopatines, saqué la bicicleta que por casualidad me había traído y me había puesto a pasear por ahí. Me embalé tanto pedaleando con la bicicleta que había salido de lo que otrora fue una playa no volando, pero casi; y había entrado de lleno en el Corte Inglés— que no sé qué hacía ahí al lado, la verdad, me encontraba ya desubicado y confuso.

Dentro del recinto, conforme fui subiendo hacia la séptima planta, se fue transformando todo el entorno comercial en mi propia casa. De hecho, las escaleras que estaba subiendo en un momento determinado dejaron de ser mecánicas y empezaron a ser iguales que las de la vivienda. Cuando llegué, me asomé por el balcón, miré los edificios de alrededor que se encontraban como deteriorados (aparentaban ser más viejos de lo que eran y tenían pinta de venirse abajo). A continuación, me tiré por la ventana del balcón sin más y al llegar al suelo no morí ni me hice daño, reboté.

* * *

No recuerdo más después del “chapaporro” que casi me pego, sin embargo, me ha sorprendido el inicio de este fragmento, ya que hay palabras clave (chapapote, reteles) que me recuerdan a una entrada que publiqué en otra ocasión en este mismo blog.

chapaporro¿Cómo cojones habría llegado eso mismo al Postiguet?

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Una respuesta a “Chapaporro

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