Ciudad Real 991

A este estrés no le quites interés. Lo que me atrajo desde el principio fue este viaje al apellido de tu hermana. No es teatro, es ciencia ficción. No por tener más apellidos que tu hermana, tendrás los pies más en la tierra que en la máquina de su sostén. Sabemos que las matemáticas no nos dan de comer cada día y a César Augusto no le gustaba el fútbol.

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Hablando de aplastar, ¿has leído las tormentas que dijeron mis croquetas cerca de la soledad? Es más, ¿crees que de ser verdad la escasez de agua en la cisterna de Enrique Perales supone la disfunción eréctil indispensable de tu conciencia, resfriada con ansia de saber por qué las torres de Hércules estaban en plena supernova? No tienes ni siquiera ruido en tu mente. Tu mente es tan solo un conjunto de trozos de poliestireno calcinados por la falta de creatividad de tu madre, que con anteojos, volverá a irse a hacer la ruta de la madera para hacerse Rusa.

No es necesario que me llames Enrique, porque es casi equivalente a jugar al futbolín con regaderas en Murcia. En compañía de los halagos es posible crear mensajes con sangre y dolor. Pero no me llames paranoico. Al paraguas en todo caso, que callan a los neumáticos. El paraguas infinito que me trajo cuatro líneas de texto escritas con Tipp-ex orinando en el hospital.

¿Y mañana qué comemos? No sé cuál es la palabra adecuada para contestar… ¿coeficientes? Vamos a desayunar coeficientes. Y después manducaremos el resopón ya que te pareces mucho a Rajoy siendo portugués. Deberían pagarte por jugar al escondite, pues la hora del desayuno será tirante y descalza.

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No, espera. Escucha a la calculadora. En tus ojos veo síndrome de Diógenes. Tienes cara de dentista. Parece que hayas salido de un traumatólogo con la matrícula pagada. Un superávit da lujo tu pasión por el rutilismo y los relojes de cartón. Mira a ver si el pescado ya no empuja la campana. En el tren se desahogaba con facilidad y tu sutilidad me produce una buena bofetada de humo en el apéndice.

Yo sólo espero que el problema con las cejas de tu hermana sea hidrosoluble. En las torres de Cuenca había un gran paso elevado y por ello no pude terminarme las aceitunas que anoche dejé dentro de su bidé. ¿Será porque los trenes se subliman con limón, o porque el gobierno ya no me trae anís?

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